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Los Reyes Tionoeleros

Hola, hoy os voy a hablar… uf, de tantas cosas! hoy hace exactamente cinco meses que escribí el último post, pero es que como siempre digo, no me da la vida. Tres años ya tiene la fiera, el niñomío, tres. Y yo hace tres años que no descanso como mandan los cánones, eso sí, dormir duermo eh, no nos vayamos a pensar que vivimos en el infierno. Pero aquellas tardes de sofá, aquellos domingos de rascada de bolas, aquellas resacas y aquellos maratones de cualquier cosa de ocio me caen tan lejos que me cuesta retenerlos en la memoria.

Total, que hoy os voy a hablar de las Navidades pasadas, no del fantasma, de las de 2019, que han sido holgazaneras y tranquilas, como a mi me gusta. A ver, a vosotros ¿qué os han traído los reyes? Yo he sido ultra mala, pero maléfica tipo Angelina Jolie (osea, guapa pero mala :D), tan malota que me han castigado con regalos al niñomío tipo tambor de batuket. No un tambor de juguete de esos de niño, no, uno de verdad, con su funda, su arnés, sus baquetas, su caja… infierno en la tierra. Así que algo he hecho mu mu mal para que los reyes majos de casa de mi hermana mayor me hayan traído esta maravilla instrumental a casa. Gracias Cris, eres un amor.

Aparte de eso, me han traído risas y kilos, porque otra cosa no, pero comer hemos comido como puercos. Ah, calla, que aquí no hablo de mi sino del heredero de la casa… Pues a ver cómo os lo digo, pese a la contención, esto de que vengan el Papá Noel y los Reyes Magos de Oriente y entremedio hagamos cagar a un tronco del bosque es una ruina. Lo que he decidido llamar los Reyes Tionoeleros, un machembrado de todo. Tú crees que lo tienes controlado, que si un juguete grande para Papa Noel porque así lo disfruta todas las Navidades, alguna tontacada para el Tió y un regalo molón para Reyes. Este es un cuento que no se cree nadie. Al final siempre tienes mil cosas, porque te creces, y empiezas a comprar, y a pedir, y así hasta el infinito. Pero yo misma, que me crezco con una VISA.

Total, que después del alud de nuevos juguetes, libros, puzles, cacharros y otras hierbas se vuelve una a la capi cargada cual emigrante en la frontera y ahora tenemos que hacer limpieza en casa para hacer caber a (os los relato porque tela) (igual os pensábais que hoy no habría lista):

  • El dichoso tambor batuketero. Lo más triste de todo es que tiene ritmo, se me avecina un futuro intersante en el mundo de la percusión. Antes de que acabe el mes algún vecino viene a quejarse F-I-J-O (¿os he dicho que el niñomío es el crío más pequeño de mi edificio? Tengo todos los números para que me echen…).
  • El camión de bomberos más grande de la historia de un tal Marshall, un dálmata de la pa-pa-pa-pá-patrulla caninaaaa (léase cantando). Igual mide metro y medio tumbado, si le levantas la grúa ya no sabría decir.
  • La caravana de Peppa Pig, con Papa Pig, Mama Pig, Peppa Pig y George Pig, y sus bicis, y una tienda de campaña, y una hoguera, y un cazo. Ahí es nada. Nota mental: regalar la vieja caravana de Peppa Pig heredada de las sobrinasmías. Sí, en mi casa los reyes son así, traen regalos que ya teníamos (como Greta se entere que tenemos tanto plástico nos dispara dardos de papel).
  • El superpatinete de 4 ruedas con luces que un día de estos tendremos un ataque de epilepsia en medio de los 6 carriles de la Via Augusta. Este quizás es el regalo más útil que ha recibido el niñomío (se me hace raro no llamarlo el bebemío, si es mi bebé hasta que no tenga sus propios bebés…). Total, que va como un rey con su patinete psicodélico. Nota mental: Comprar una correa para arrastrar el patinete y al niñomío montado cuando no quiere andar (¿correa de perro? ¿hay correas específicas para esto? HELP!).
  • Oriol y Laia. Y tú dirás, ¿estos quién coño son? Yo te lo explico, son los Gegants del Pi petits. No los grans, no, los petits. Porque los grans ya los tenemos (Mustafà y Elisenda). Porque el crío me ha salido friki y le gusta mucho los gegants, y con Musti y Eli no teníamos suficiente, ni con la Mulassa, ni con el Lleó, incluso ni con los gigantes de Pamplona (Joshepamunda y Joshemiguelerico), así también hemos dado la bienvenida a Oriol y a Laia de goma. En breve montamos la exposición en casa y cobramos 2 euros por verlos.
  • El tren de madera: Hay días que pienso que el niñomío es Sheldon Cooper (si no sabes de quien hablo es que no tienes tele, así te lo digo) por dos motivos, tiene su sitio en el sofá y ojo que te sientes en él, que te hace mover (os recuerdo que tiene tres putos años) y le flipan los trenes. Yo creo que se acabará enamorando de una maquinista o de un revisor, si es que esos empleos siguen existiendo dentro de, no sé, ¿10 años?. Total, que al susodicho le flipa el mundo ferroviario, y para no ser menos, tenemos un nuevo tren de madera en casa. Sí, has leído bien, un nuevo tren, porque ya teníamos otro con sus vías y también de madera. Nota mental: jubilar el tren antiguo al pueblo y quedarnos con el nuevo en Barcelona.
  • Pizarra mágica: No sé qué te estás imaginando, pero por pizarra mágica a mi me viene una especie de marco con luz que te permite calcar dibujos con unos rotuladores fluorescentes. Todo muy apto para mantener la casa limpia (veo las cortinas fluorescentes desde ya). Por ahora no le está haciendo mucho caso porque está obnubilado con el resto de regalos, pero sé que me la pedirá cuando menos me lo espere. Mientras tanto, la he escondido (mala madre).
  • Juguete magnético: A ver cómo lo explico, es una caja con un montón de piezas para crear monstruos (cabezas, piernas, ojos, brazos, crestas…) que se enganchan en un mural (la tapa) que está imantada, siguiendo un modelo que hay en las tarjetas. A ver lo que me duran las piezas.
  • Puzles: dos, para ser exactos, uno con números y otro con dibujos. Todo muy educativo.
  • Cuentos: Diversos, dentro de nada monto la librería infantil (hay noches que sueño con Rayo McQueen, con los Gegants d’Hospitalet de l’Infant y con el capítulo en que Peppa Pig va en tren). Especial mención al libro tipo Dónde está Wally y al cueno de dimensiones titánicas Peppa viaja a la Luna. Nota mental: llevar cuentos viejos al colegio.
  • Ropa: Para un niño pequeño la ropa no es un regalo, es el trámite que tienen que pasar. Para mi es un gozo, aunque todo sea dicho, desde que empezó el colegio y va con su bendito uniforme tengo menos ropa que nunca. Y bien. Mención especial también al jersey navideño que le trajo Papa Noel porque tiene dinosaurios y eso no es fácil. A sus pies, Papá Noel.
  • Alexa: Vale, no era un regalo para él, pero es que el traidor ha aprendido a llamar a Alexa y pedirle cosas demasiado rápido («Alexa, pon espotifai»). Padremío, estamos fuckeds, hay que desenchufarla…

Me estoy dejando algo seguro, pero la lista no es corta. Y a ti, ¿qué te trajeron los Reyes Papanoeleros? A mi colonia, ropa, perfume, una pulsera de actividad y una máquina elíptica para hacer deporte. ¿Una indirecta navideña?

Feliz cuesta de enero,

Besos, la Madremía.

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