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Dos años de madremía

Hola, empecé a escribir este post el domingo pasado por la noche, cuando en unos minutejos se cumplían dos años del nacimiento precipitado del bebemío. Y aquí estoy, en miércoles y lo estoy recuperando. Eso debería daros una pequeña imagen de la cantidad de tiempo libre que he tenido últimamente. Y es que justo de eso era de lo que quería hablar, de lo que uno puede o no puede hacer cuando es padremío y de cómo, finalmente, dos años después empiezo a ver la luz al final del túnel. Ojo, que veo la luz, pero no la toco, no os vayais a pensar…

A lo que iba. Dos añazos ya. Podría estar horas, meses, años, hablando del bebemío, supongo que todas y todos podríamos hacerlo, porque nuestros bebesnuestros son los más simpáticos, los que mejor hablan, los que hacen más gracias, los que mejor leen, los que mejor bailan, los que todo mejor… es un hecho, los nuestros son los mejores y punto. Y el mío más. Luego también están los que son los mejo-peores. Me explico, son bebesuyos que han hecho las cosas más difíciles, es decir, los que peor duermen, los que peor comen, los que peor cagan, los que peor todo, pero en el fondo son mejores, lo que pasa es que a los padremíos lo que nos gusta es quejarnos de lo difícil que es la vida delante de un desconocido.

Total, que como los dos años han pasado tanto para el bebemío como para mi, pues os hablaré un poco de mi, porque el bebemío ya os he dicho que es ideal. 🙂

En estos 700 y pico días he aprendido muchas cosas: el primer año fue de descubrimiento absoluto, de repente eres una mami que no tiene ni idea de qué es tener un bebemío en las manos, que solo quiere comer y estar en bracitos. Pero luego ya le pillas el truco, la vida te cambia cuando empieza la guardería, vuelves a trabajar, te relacionas con personas que saben mantener conversaciones de adulto (bueno, eso es suponer mucho, pero voy a imaginar que teneis compañeros de trabajo normales), y la vida empieza a rodar con relativa normalidad. Y pasa un año, y de un bebito que solo quiere comer y estar en bracitos pasas a un chavalín que ya camina que dice mamá y que, de repente, tiene personalidad. Y en ello estoy ahora.

El bebemío ya es todo un hombrecito, perdón, sigue siendo MI BEBÉ (esto será así hasta que él tenga sus propios bebés, la vida es así), y ya no hay que estar tan pendiente de todo lo que hace. Es decir, que podemos estar los dos en casa y no tengo que estar corriendo a ver qué ha roto (ha pasado), o si se ha tirado del sofá/cama y se ha roto la crisma (ha pasado), o si se ha atragantado con la comida (ha pasado), o si (rellena tú misma este campo…). Ahora ya estamos más en la fase de la madremía está en la cocina comiendo gominolas a escondidas y el bebemío está jugando con los Gegants del pi en la alfombra del salón. Y todo bien. Y eso, queridas y queridos, es un cambio. No por las gominolas, sino por el hecho de poder hacer cosas independientemente.

Si ha habido algo que me ha costado de la maternidad es la pérdida de la individualidad. Habrá madremías que les haya parecido una maravilla, pero a mi eso de perder mi yo independiente como que me ha costado un rato largo. De repente no puedes hacer ninguno de tus hobbies. No puedes hacer nada tú sola. Claro que estoy hablando de mi, que no tengo canguro ni persona que cuide a mi hijo sino que el padremío y yo nos lo montamos como podemos (con la inestimable ayuda de la suegra y la tieta). Habrá gente que tendrá canguros y podrá ir al gimnasio, o quedar con amigos, o salir a cenar en pareja cada semana. Nosotros no estamos en esa carrera, estamos en otra, en la de cada tarde hay parque con mami para cansar a la fiera, en la de cada día hay baño con papi y cada noche hay cena con mami. Ojo, que no hablo desde el rencor, cada uno tiene lo que tiene y nosotros tenemos lo que queremos tener y somos inmensamente felices. Con esto quiero decir que si tienes canguro cada día y te puedes ir a pilates a las 6 de la tarde, ole tu chichi 🙂

Y así pasamos los días, cada día mejores. Cada día más independientes los unos de los otros. La idea es criar al bebemío como una persona independiente y libre, que sea capaz de estar sin la madremía o el padremío y no monte un drama, y viceversa (que hay gustos para todos…). E igual, si todo sigue a este ritmo, dentro de nada podré volver a hacer ganchillo, a sacar la máquina de coser, a mis manualidades, a escribir regularmente en mi blog (ejem!), a leer (¿os acordáis? es eso que se hace con unos tochos de papel…), y si las estrellas se alinean, a salir a tomar cañas con mis gintóxicas con relativa asiduidad.

Y tú, ¿cómo lo llevas?

Otro día os cuento lo fantástico que está el bebemío con dos añazos. No os vais a librar…

 

Ale, feliz miércoles!

2 comentarios sobre “Dos años de madremía

  1. Ay madre…. un año más, empieza el cole y ya tocas esa luz, después de 6 años me he escapado con mi pareja, sin niños, he empezado y terminado un libro en 10 días, he sido yo!!! Increíble! Pero como les he echado de menos!!

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