La Familia·vacaciones

Y volver, volver, voooooolver

Hola padresmíos y madresmías del mundo, he vuelto, y os voy a hablar precisamente de eso, de volver, de la rutina, de lo bien que estábamos el bebemío, el padremío y yo en la playa y lo horrible que es tener que madrugar. Hace mucho que no os hablo, normal, cuando una está en la playa, en el chiringuito o de cañas no está para abrir ordenadores y ponerse a divagar sobre la vida madremística, pero esa vida sigue ahí, ojo, lo que más relajada. Más “hoy cenamos bibe en el chirin y duermes en el carro hasta las 12”, o “cariño coge el pijama que hoy no volvemos a casa hasta las mil”, o mejor, “padremío, llévate al bebemío a casa de los abuelossuyos a dormir que hoy hay verbena”… y así, la lista es muy larga.

Porque el verano es así, relajao, por lo menos el nuestro, que ya de base somos una familia de relajaos… pues imaginaros, en agosto somos caribeños directamente. Hasta el bebemío se levantaba a las 9, un hito en los anales de la historia del madrugar-para-putear-a-mis-padres. Pero todo lo bueno se acaba, porque sino no sería bueno, y nos tocó volver a la ciudad. Que eso suena como fueramos de un pueblo de Kansas a Nueva York, y más bien es de un pueblo de Tarragona a Barcelona, así que tampoco voy a dramatizar.

Lo malo no es la ciudad, que aquí a la madremía le encanta, lo realmente jodido es madrugar. Cómo lo odio. Mira, trabajar aún lo soporto, me gusta mi trabajo, me pagan y tengo un buen horario, pero ponerme el despertador y despertarme por causas ajenas a mi naturaleza marmotil, eso es lo que me mata. Y así empieza la vida de la prisa: corre para llegar al trabajo, corre para recoger al bebemío en la guarde, pasa las tardes en el putoparque, llega a casa mordida por los mosquitos y con el bebemío lleno de arena, bañito, cena, pelea por la cena, bibe, cama, ahora no me duermo vasallos míos, parece que me duermo pero ahora os canto el gegant del pi, y por fin, se duerme. Y entonces haz la cena, cena y desplómate en el sofá, o directamente en la cama. Y que ponga la lavadora Rita. Y así, de lunes a viernes. Esto no hay quien lo aguante. Tengo sueño. Y el padremío también, que ahora releyendo parecía que hablara solo de mi. No me quiero imaginar a las madres solteras, o a los padres solteros. Jamematen.

Y esto, señores, es volver. Pero volver en plan mal. Pero resulta que la madremía es una optimista, así que ahí va la OTRA vuelta, no la de las bicis (que nos tragamos cada año junto con Le Tour e Il Giro, el padremío es un frikibicifan), sino la vuelta a las sonrisas, a la alegría de los amigos, a la nueva habitación

Hemos vuelto a casa, a nuestra casa, en la que estamos cómodos, y la playa y el chiringuito no están a 5 minutos andando, pero el mirador de aviones del aeropuerto del Prat está a 30 minutos, y luego chiringuito para cenar. No está mal, eh? Hablaba de la casa, aix, nuestra casa… el bebemío ha estrenado mobiliario, hemos pasado de la cuna-de-bebes a la super-cama-de-niño-mayor. Con sus sábanas de coches, tractores y autobuses, de dinosaurios, de animalons… tenemos un surtido tan colorido que temo tener un ataque de epilepsia un día de estos. Estrenamos decoración, con todas las manualidades “decentes” del bebemío del año pasado, lámpara de mesita, cuadros… estamos de estreno constantemente. Si es que estrenamos hasta bañera, que antes no había manera de ducharse y ahora solo quiere darle a la alcachofa como un loco… Y lo bonito que es estrenar, os lo digo como semiadicta a las compras que soy.

Y la vuelta a la guarde, qué os voy a contar… Lágrimas de cocodrilo cada día, algún que otro mordisco (y consecuente chivatazo del autor, que resultó ser mentira –> Nota mental, el bebemío ha aprendido a mentir), chándal los martes y jueves, reencontrar a la banda de colegas, risas con otras madresmías en el parque, volver al yoga, volver a bailar (sin que se entere mi traumatólogo)… Eso sí que es volver.

Porque la familia madremística cuando vuelve, vuelve de verdad.

Y esto os lo escribo hoy, un día antes de que se acabe el verano. Así, pam. Bienvenidos, y como diría Carmen de Mairena, ya es otoño aquí en mi coño. Vulgar, pero muero de la risa cada año.

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