Nuevos lugares

La guarde, y otras hierbas

Hola, hoy os voy a hablar de mi nueva amiga, la guardería. Hay muchos tipos de amigas guarderías, estan las públicas que cuestan poco dinero y cierran muchos días, están las públicas que cuestan un dinero medio y también cierran muchos días, y luego están las privadas, que cuestan mucho dinero y cierran muy poco. ¿Adivinad en cuál pasa las horas el bebemío? Efectivamente, en las privadas.

Para que os hagáis a la idea, la guarde del bebemío es como un cuatro estrellas del guarderismo, hasta yo me querría quedar a pasar el día allí, con sus juguetes, su parque del buen rollo, su tractor tamaño bebemío, su gimnasio, sus profes moníiiiisimas a las que solo quieres que abrazar, su todo. Eso sí, 500 euretes no te los quita nadie. Así que con esto solo repito la reflexión de un amigo: lo barato sale caro y lo caro sale caro. Eso sí, el bebemío es feliz como una perdiz en su guarde, y eso hace que a una se le olvide la cuenta bancaria. Especialmente cuando en el pueblo (ese lugarrrrr) la guardería cuesta 70 euros al mes. Sí, lo has leído bien. Corramos un estúpido velo.

Respecto a mi nueva amiga guardería también tengo otras cosas que contar, por ejemplo, que el bebemío aprende cosas (porque es catalán, y según Rajoy los catalanes hacemos «coshas» -lo siento, lo tenía que decir-), a decir adiós, a pintar, a reconocer músicas, a dar besos con lengua (sí, ya empieza el muy cochinote) y a mil cosas más, y como colofón, aprende a compartir: juguetes, cucharas, comidas y virus. Sí, nuestros amigos los viruses. He empezado la época del moco y no sé cuándo se irá. Y como el bebemío tiene una ligera propensión a la bronquitis (en un mes ya ha pillado dos, que son la 5a y la 6a de su vida, así, para ir informando) pues eso, que igual no me gusta tanto el compartir como antes cuando no tenía hijos. Porque nos enseñan que amar es compartir, pero luego viene tu amigo Ezequiel y te dice que compartir es morir un poquito. La vida es dura.

Yo no sé que es tener al bebemío malo de barriga, con cagalera per darrera, ni con otitis, ni con anginas, pero tengo un manual de supervivencia de bronquitis. Ese momento Darth Vader que te quieres morir porque piensas que se ahogará en cuanto salgas de la habitación, o los ataques de tos que no se van con nada y sales corriendo al hospital a las 3 de la mañana y al llegar ya no tose, o cuando piensas que tu hijo se convertirá en un yonki del ventolín de la de chutes que le das, o peor, cuando le vas a poner la mascarilla y el tío ni se inmuta, como diciendo, ale, ya toca el casco de respirar… Porque lo triste de todo es que a lo malo, uno se acaba acostumbrando. Dicho esto, todo se supera y el bebemío parece que ya no tiene bronquitis, pero los mocos no se irán nunca. Estoy por hacer un monográfico moquil: color, textura, lugar, olor, orificio de salida… ¡se podría escribir una tesis! Os invito a que me contéis cómo es vuestra vida en el mundo moquil. Porque yo hasta ahora pensaba que los mocos salían o de la nariz en modo troll o de la boca vía estornudo… cuán equivocada estaba: los mocos también se cagan. Y hacen que la caca apeste. Si es que cada día aprendo una cosa nueva.

Y hasta aquí mi reflexión sobre la guardería, ese fantástico lugar al que me iría a vivir, con Lucía, que es el ser más dulce que conozco después de mi santa madre que en paz descanse. El próximo día os hablaré de mis horas de sueño, o más bien la ausencia de ellas.

Beso, la madremía mombie.

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