La Familia

Growing up

Hola, hoy os voy a hablar de las cosas que he aprendido en el último mes, que no son pocas:

  • Las uñas de los bebés crecen a nivel bruja piruja. Si te descuidas dos días parecen Freddie Kruger (no sé cómo se escribe y ni me importa, ya sabéis quien digo, el de las zarpas y la caracrater que te atacaba en sueños).
  • Los pedos duelen: No me he equivocado, duelen, con de. Aunque también huelen, con hache. Al bebemío le duele peerse, cosa incomprensible en un adulto, porque te cuescas y ya. Pues no, la vida es más difícil si eres un bebé, mierda.
  • Los cólicos no tienen arreglo: te los comes y punto. Si duele, lloran, tú pruebas todo, el salto de la rana, la voltereta, el perrete, boca arriba, boca abajo, pechete… nada, no funciona nada.
  • Los cólicos son una lotería, pero al revés: Si te tocan, estás jodida. Puede ser euromillones y pillar desde el minuto cero o una quinielilla de nada y pillar un par de semanas. Pero en ambos casos, pillas. Si tu bebé tiene cólicos entenderás lo que digo. Si no, sigue viviendo en tu bendita ignorancia!
  • El osteópata puede ser tu mejor amigo: Para los gases, para el reflujo, para la postura, para los cólicos…
  • Un estornudo despierta al bebemío a las 4 de la mañana, pero puede dormir plácidamente mientras la tele está a todo trapo.
  • Lo mismo pero cambia estornudo por ronquido del padremío.
  • La portera de mi bloque es el mal (esta la pongo porque me da la real gana, que siempre me critica que al bebemío le gusten los bracitos).
  • Las toallitas limpiaculos son el mal (como la portera) poorque están frías. Ya lo decía Jon Snow, winter is coming in the toalling.
  • Por contra, la esponja con agua caliente es el paraíso. Así cualquiera se deja tocar el culo.
  • La teta derecha es mejor que la izquierda. El bebemío me ha salido del PP 😱😱.
  • La música amansa a las fieras. Podríamos hablar de Bach, de Beethoven, o de Verdi… pero el bebemío es más de Que li darem al noi de la mare, 10 pometes te el pomer y otros Greatests hits de gasolinera.

Y hasta aquí las reflexiones de hoy. Próximamente, los médicos, el bebemío y yo: un trío insuperable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *