Cuerpomío·En la consulta

Asúcar!

Hola, hoy os voy a hablar de las pruebas que te hacen cuando estás embarazada, bueno, las que me han hecho a mi… que te hacen sentir como que no lo haces bien y hay que mirarlo todo, ya sabés, por el rollo ese de ser vieja.

Total, que desde que empecé con este embarazomío me ha tocado hacer el test prenatal genético no invasivo (500 euritos así, para quien esté interesado), que te dicen lo mismo que en una amniocentesis pero con un análisis de sangre, cero invasivo. Bueno, invasivo solo para tu cuenta corriente, para tu cuerpo bastante bien.

Luego me han sacado sangre de la derecha y de la izquierda, orina también por doquier, y hace un par de semanas me tocó el archiconocido test de Sullivan. Este hombre debía ser un tipo dulce. Es la prueba esa que te dan a beber glucosa y te hacen pruebas antes y después a ver cómo metaboliza el azúcar tu cuerpo. Esa prueba ha sido una de las más cachondas que he hecho, hasta hoy claro, que me ha tocado la curva del azúcar. Voy por partes.

El test del colega Sulli: Resulta que una se presenta en los laboratorios Gramenauer -todos sabéis cuales son, ¿hay algún otro laboratorio en Barcelona?- para que te saquen sangre después de un mes de agosto majo… y pam, llegas y coges número en la tanda. Una hora más tarde, sí, lo lees bien, una horaca, te hacen pasar y le presentas tu justificante, y te hacen pasar a una sala de espera. Y otra hora más. Que yo pensé, sí que va cara la sangre, que voy a estar aquí dos horas para tres minutos de extracción. ERRRRROR. No era sangre, era el test del azúcar. Desde aquí doy gracias a mi ginecóloga por avisarme, eres tan maja que hay días que lloro. Total, que la amable enfermera me dice que sí, que me tengo que beber un líquido naranjita y esperar una hora allí, que no me escape (?). Había oído todo tipo de leyendas urbanas sobre el Tang este que te dan de beber, que si vomitarás, que si es asqueroso, que si no hay quien se lo beba, que si te darán cagarrinas… Oye, pues yo me lo zumbé como si fuera una fanta de naranja. A ver, no nos engañemos, bueno no está, pero no es para tanto. O igual es que yo soy una chica dulce como un muffin (como me dijo la sobrinamayormía, «eso no es un muffin, tita, es una madalena». Le faltó añadir «pedazo de gilipollas»). En fin. El periplo ese día acabo con tres horas y media de análisis.

Y pam, mala suerte, no me han salido bien, así que que como soy una chica muy dulce como una madalena, hoy he repetido prueba, pero esta vez, para pasármelo mejor, tres horitas, que a mi lo que me gusta es echar el día en los Gramenauer. Y para allí que me he ido, previo paso por mi centro médico porque mi ginecóloga, de nuevo, me informó mal del lugar. Así que llegas allí, y una horita con la tanda, y luego me han llevado a una sala estupendísima con sofás para dormir -digo yo- y ale, pipi y sangre y una botellita de Tang de naranja. En serio, que no es pa tanto, que no me lo pediría en un bar pero tampoco lo gomitaría… Y así cada hora. Suerte que hoy he contado con la maravillosa compañía de una bff, María, que me ha hecho la espera llevadera.

La anécdota del día, una moza que también estaba en modo curva como yo ha vomitado y se ha tenido que pirar a su casa. Era la tercera vez que se la hacían. En serio, ¿hace falta? Penica me ha dao. También es cierto que le hubiera dado un plato de cocido, porque estaba en los huesos, que tengo yo más barriga que ella… Claro que eso me pasa con el 80% de las embarazadas que veo.

Y hasta aquí… a ver cómo me sale esta prueba. Por Dior que no me pongan a dieta más, que con la previa de este fin de semana el bebemío y yo hemos tenido suficiente.

Besos de la madremía muffin. 🙂

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